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Conoce a Carlos Reygadas

  • Tomada de Animal Político | por Blanca Granados
  • 5 jun 2015
  • 5 Min. de lectura

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A los 40 años, su reputación de Enfant Terrible no termina de deslavarse. El cine de Reygadas es audaz desde su primera escena filmada. Un director que aspira a una cinematografía trascendental y comprometida consigo misma.

Japón nos dejó impávidos. Desenchufados. Después vino Batalla en el cielo, la provocación con mayúscula, la sexualidad cabrona. Con Luz silenciosa hasta sus más vigorosos detractores quedaron rendidos. Una película que no es una película, es una experiencia.

Post Tenebras Lux, su cuarto largometraje es un salto al vacío. Otro film con dinamita en el ADN, que rompe totalmente la coherencia y la linealidad narrativas. Con la forma en la que tradicional de contar historias. Su película más arriesgada, aunque él lo niegue.

Reygadas no se repite.

Un poco más joven que la triada que integran Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón y Guillermo Del Toro, Reygadas tomó una ruta muy distinta: el cine de arte, de autor. Con su primera película no sólo redefinió el rumbo del cine en México, sino que dirigió la mirada de la crítica cinematográfica internacional a este joven director, abogado de profesión, quién después de colgar su diploma de la Libre de Derecho en casa de sus padres, decidió hacer lo que realmente quería. Y no para.

-Muchos críticos dicen que Post Tenebras Lux es la película que naturalmente le sigue a Luz Silenciosa ¿Tú qué opinas?

-No lo puedo decir con claridad, pero siento que eso pasa con todas mis películas. Cuando las estoy haciendo no pienso eso, pero viéndolas en retrospectiva me doy cuenta que van cumpliendo una función personal y que por lo tanto se pueden inscribir en una idea de evolución, no en el sentido de que sean mejores o peores, sino en el sentido de que hay una lógica. Para mí las películas son algo increíblemente personal y por lo tanto reflejan mucho de mí. Como hoy tengo 40 y, cuando hice Japón tenía menos de 30, pues cada una va representando algo muy particular del momento en el que estoy.

-Carlos, ¿cómo fue la decisión de incluir a tus hijos?

-Nunca me lo pregunté. Ver la vida de los niños a esa edad es algo increíble. Sólo verlos moverse, hablar, o hacer cualquier gesto revela muchísimo del ser humano porque, de alguna forma, son la expresión humana en estado puro. Nunca tuve dudas puritanas o mojigatas de supuesta privacidad o intimidad, porque creo que la intimidad y lo privado residen en algo mucho más profundo. A pesar de que la película es increíblemente personal, no creo que sea íntima.

-¿Una especie de ficción para explorar el yo?

-No exactamente, pues entonces quería decir que la creación de una película es un mecanismo de terapia psicológica, y para mí no lo es, pero en el sentido inverso la cosa funciona. Es decir, una vez que una película está terminada, refleja un montón quién eres y cuáles son tus virtudes, defectos, limitaciones, miedos o deseos; pero sólo en un análisis retrospectivo. Para mí, hacer cine es un deseo de compartir con los demás lo que siento, parte de lo que veo y lo que pienso. Esa es mi motivación fundamental a la hora de hacer una película.

-Carlos, lo que más impresiona de tu cine es el manejo de actores. ¿Cómo acceden a hacer lo que tú les pides?

-Es un voto de confianza absoluta. Esa es la realidad. Para mí un actor que me empiece a cuestionar no me funciona, porque si empieza a cuestionar, ya no puede ser como un niño o como un árbol o un animal al que estás fotografiando. Si vas a fotografiar un venado así es y ya está, no te puede cuestionar. Y así necesito que sean los seres humanos y aunque pueda parecer utilitario, en el fondo es para que esa forma de ser, el alma de esa persona pueda pasar a través de la cámara. Y no estamos hablando en términos filosóficos en ningún sentido, sino simplemente de lo que una persona es. Y la persona tiene que tener absoluta confianza en mí y, en algún sentido mecánico, porque sólo así puedes ver al ser humano y no al actor y a su técnica.

-Algunos personajes llaman especialmente la atención: Ana, la niña fresa de Batalla y Marcos, tu propio chofer. ¿Cómo los convences?, ¿Cómo los cuidas?

-Primero que nada todos ellos son tan inteligentes como tú o yo, o más. Todo lo contrario de lo que mucha gente paternalista cree, que piensan que no saben lo que hacen. No, ellos saben perfectamente lo que hacen y valoran sus propios riesgos. Haz de cuenta que soy alpinista y te digo que te quiero invitar al Everest. Te digo que ya he subido dos veces y que hay ciertos riesgos: te puede dar una embolia, caer una avalancha o morirte. Tú decides si subes conmigo o no. Y ya está. Tal vez el Everest te gusta tanto que al final te cambia la vida, pues eso ya es tu asunto. Si nos cae una avalancha y nos mata a los dos, es asunto de los dos, ¿me entiendes? Sobre todo me hacen este tipo de preguntas los anglosajones que están muy preocupados por temas de la utilización de personas, tal vez porque son especialistas en esto, y a las pruebas me remito, puedes hablar con cualquiera de ellos y te van a decir que les fascinó la experiencia y no se arrepienten ni tantito. Pero incluso si se arrepintieran, pues ni modo. Si te invito al Everest y te mueres de frío y te arrepientes, yo no me arrepentiría de haberte invitado.

-¿O sea que no eres codependiente?

-No. Ese tipo de cosas me las podría plantear en el caso de un niño, de un retrasado mental. Lo que quiero decir es que el ser humano occidental siempre está proyectándose, con sus miedos, sus prejuicios, y dice ‘Uy, y si yo hubiera hecho eso, ¿y si después me llamaban puta en la escuela? ¡Qué horror!’.

-La pregunta tiene que ver con la dificultad de compartir públicamente cosas tan íntimas como la desnudez, la sexualidad…

-Te voy a contestar muy sinceramente. Al principio con Japón e incluso con Batalla en el cielo, la primera vez que se las mostré a mis padres, pues sí sentí un poco como de pena, porque era compartir cosas tan íntimas con ellos. Pero también decía, ¡Güey! ¿Cuál es mi deber? ¿Hasta qué punto quiero ser honesto conmigo mismo y hasta qué punto hago las cosas como soy? Eso es lo que está por encima de todo. Y a la fecha algunos tíos o algunos primos piensan que soy un pervertido sexual o un perdido… pero bueno, yo pienso lo mismo de ellos porque trabajan en un banco.

-¿crees que cualquier persona pueda ser actor?

-Si es el adecuado para el papel. No creo que el cine sea el campo para la actuación, creo que el campo para la actuación es el teatro y quizás otras artes. Para mí el cine es mucho más parecido a la fotografía. Imagínate que eres una fotógrafa y vas al campo a fotografiar campesinos, y alguien te dice ‘¿por qué no fotografías a actores disfrazados de campesinos?’, y tú dices para qué voy a fotografiar actores si ya existen los campesinos y es lo que me interesa, el campesino, no alguien actuando un campesino.

-¿O sea tú te topas con tu personaje?

-Exacto, tal cual.

-¿Entonces el éxito depende del casting?

-¡Claro! Con el método que planteo todo funciona si está bien el casting, pero si te equivocas, arruinas todo.

 
 
 

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Creado por Esmeralda Mariel Martínez Gutiérrez

 

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